Felix Brunatto en su larga trayectoria ha estado ligado a diferentes actividades productivas innovadoras. Él fue el artífice por ejemplo del desarrollo de la lombricultura en el país, y en el ámbito gastronómico introdujo los helados de sabores exóticos, como el de salmón ahumado. Ahora nos sorprende con su línea de “cioccolato esotico”, compuesta por bombones rellenos con licor de albahaca, ají o nuez moscada; queso camembert, mascarpone o de cabra ahumado. Y nuestro preferido: licor a la pimienta.

Fue su socio y Gerente Comercial de la empresa, Cristóbal Camino, quien se acercó a conversar con nosotros a principios del 2000 cuando recién partían en esta aventura gastronómica de avanzada en el mundo. Y como a todos los pujantes empresarios con innovadores proyectos y méritos propios, la ayuda no tardó en llegar: Fontec de Corfo, Prochile y el Banco del Estado los han apoyado sucesivamente para desarrollar y optimizar su producto y ampliar sus horizontes comerciales también a la exportación

El producto en cuestión busca posicionarse en un nicho gourmet que pueda apreciar la ausencia total de conservantes, preservantes y aditivos. De la misma manera está ausente el azúcar y la grasa del chocolate común. En contraste a esto su confección se hace en base a un fino cacao belga, dispuesto en un delicado casquillo cuidadosamente bruñido, suave, de un oscuro profundo y reluciente. El relleno es un ganache o mezcla de pasta de cacao, más el sabor elegido y un aguardiente de alta gradación.

Estas particulares cualidades le permiten posicionarse como un escaso tipo de chocolate que puede acompañar un vino robusto, estructurado, con crianza en barrica como un cabernet sauvignon; o quizás un especiado y frutoso chardonnay también con paso por roble francés. Sabido es que las grasitudes exageradas y los azúcares de los chocolates tradicionales estropean cualquier tipo de vino sin excepciones. Esta cualidad no es menor si se piensa que la vitivinicultura es una industria en creciente alza de exportaciones, mercados y calidad, y aumentar el glamour y el exotismo de la experiencia de catar un noble vino, bien vale la pena como estrategia de mutuo beneficio. Por otro lado hay regiones en el mundo que explotan turísticamente su chocolatería. Entre nuestros vecinos baste pensar en Bariloche en Argentina, y Gramado en Brasil.

 En un ámbito en que la innovación casi no se da, puesto que la chocolatería artesanal está muy apegada a tradiciones atávicas, el proyecto está desarrollando nada menos que treinta tipos de sabores distintos. Los fondos a los que la empresa ha accedido también han permitido realizar degustaciones especializdas para validar sabores, muestras en ferias gourmand, viajes tecnológicos para reconocer lo último en tecnología y embalaje en Canadá, Italia, Francia, Holanda y Bélgica, además de realizar contactos comerciales.